Turín: de la fiesta del Real Madrid a la fiesta nacional.

Turín: de la fiesta del Real Madrid a la fiesta nacional

Llego a la estación central de Turín a las 20.45 h. Quedan 15 minutos para que comience la final de la Champions entre el Real Madrid y el Borussia de Dortmund. La primera parte la escucho en la radio de camino al albergue; la segunda, en un bar. El equipo español sufrió mucho en los primeros 45 minutos, lo que significa que, como ha ocurrido en la última década, al finalizar el encuentro se convirtió en campeón de Europa por decimoquinta vez.

El día siguiente era un día festivo en Turín, pero no por la gesta madridista, sino porque era el día de la fiesta nacional de la República de Italia. El 2 de junio de 1946, tras la IIGM, se celebró en el país transalpino un referéndum para decidir qué forma de Gobierno querían para su país los ciudadanos. Se optó por la república parlamentaria que hoy lidera la ultraderechista, moderada de cara a Europa, Giorga Meloni.

Italia, especial

En Italia, siento algo diferente en comparación al resto de urbes del viaje-reportaje. El ambiente es un poco diferente, la gente se parece a los españoles aunque se aprecia claramente que son italianos. Las calles, las casas y las catedrales son reconocibles de Italia. El idioma, embaucador. Me gusta escuchar como hablan aunque no entienda casi nada. De hecho, ha ocurrido que, al hablarles en inglés, he sentido que me entendían mejor cuando les hablaba en español. Luego me he dado cuenta de que por muy bonito que sea y a pesar de haber compartido piso con un milanés, solo sé decir buongiorno, buona sera, porco dio y squadra.

Carabinieri, también conozco esta palabra. De hecho, vi a una patrulla de quince carabinieri uniformados en las inmediaciones del río Dora Riparia (menos conocido que el río Po turinés). Entiendo que su presencia se debía a alguna celebración que se iba a realizar por motivo de la fiesta nacional. No obstante, en el centro de la ciudad, configurado por el Palazzo Reale, Piazza San Carlo y Piazza Castello, no vi ningún festejo especial más allá de alguna bandera tricolor en los balcones.

En todos los buscadores te recomiendan la visita al Museo Egipcio de Turín. Me dejé recomendar y además me salió muy barato, ya que incluye descuentos para periodistas. ¡De algo tenía que servir! Es un gran museo, pero en el instituto me empezó a gustar la historia a partir del Imperio Romano, así que sentí que sabía lo mismo de los sarcófagos y la historia egipcia que saben los ciudadanos sobre las instituciones europeas. Poquito.

Hay muchas heladerías y muchas tiendas de ropa en medio de calles concurridas y con aura renacentista. Me compré un gelato de mango de cono. Para compensar el descuento en el museo egipcio, la bola del helado se me cayó al suelo. Es lo mismo que debió sentir el Dortmund ante el Real Madrid. Tan cerca de hincarle el diente a la copa para que al final no sea posible…

Albergue, conversaciones y entrevistas

En el albergue volví a vivir una experiencia internacional. En mi habitación había una chica francesa, una mujer argentina y un hombre brasileño que roncaba como el sonido de los trenes que estoy cogiendo durante el viaje. A nivel personal, un señor agradable y que estaba conociendo la ciudad porque tiene pensado traer a su familia desde Brasil a Italia para vivir.

Sin embargo, la conversación más larga la tuve con un gallego de Ferrol. Cuando le dije que la líder de Sumar y vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, es de la misma ciudad; cambió la expresión facial. «De esa gente no me hables», afirmó. Por lo tanto, hablamos de que él estaba recorriendo Italia durante tres meses, de Madrid, de Galicia y de que casi le roban el móvil en un autobús en Turín. Sobre todo, hablaba él, yo mientras tanto me comía mi pasta con pesto y decía lo justo para evitar que la charla se eternizara. Si le pongo interés, nos tiramos hablando cinco horas fácilmente.

Elecciones europeas

Por motivo de la fiesta nacional, fue más difícil encontrar a gente en la universidad de Turín para entrevistar. En cambio, por la calle abordé a distintos jóvenes que tenían en común la intención de votar en las europeas y su descontento con el Gobierno de Meloni. Uno de ellos, de hecho, no podía votar porque tenía 15 años, pero al chaval se le veía comprometido con la Unión Europea. Le dije que pensaba que tenía 19 y se hinchó de orgullo.

Estas entrevistas a pie de calle me aportan opiniones concretas acerca de la Unión Europea y las elecciones europeas en cada país. Pero me deja un poco intranquilo ser consciente de que con unas pocas entrevistas no puedo extrapolar en absoluto cuánto de implicados con Europa están los jóvenes italianos, alemanes, polacos, checos o austriacos. Para eso sirven las encuestas y las elecciones del próximo 9 de junio. Lo mío es periodismo, un acercamiento a la realidad enriquecido por expertos y jóvenes que de repente un día se levantan y les toca responder a unas preguntas ante un grabadora.

Por cierto, los comicios europeos coinciden con las elecciones regionales del Piamonte, lo que puede incentivar el voto en las europeas en esta región italiana. Buen destino Turín, aunque esté lejos de ser de las ciudades más bonitas de la bota del Mediterráneo.