Respeta a los que lograron el derecho a voto y vota, aunque sea en blanco
Tras muchos meses de precampaña electoral para las elecciones al Parlamento Europeo (PE), hoy es el día donde el grueso de la población perteneciente a la Unión Europea (UE) vota el futuro político del continente. 370 millones de personas están decidiendo desde el jueves 6 de junio cuál va a ser la composición del hemiciclo que aprueba la legislación de la UE. En España, 38 millones de personas van a escoger a 61 de los 720 eurodiputados que conforman el PE.
Esta columna podría ser la típica en la que se exponen argumentos para que votes en estos comicios europeos, recurriendo a mensajes como que el 60% de las leyes que se promulgan en España provienen de directivas europeas o que si tú no votas, otros decidirán por ti. Pero me quiero desmarcar de estos argumentos repetidos hasta la saciedad. Me voy a centrar en que vayas a votar, aunque sea un voto en blanco o nulo, para respetar a aquellas personas que en tiempos pretéritos lucharon incondicionalmente para que hoy, 9 de junio de 2024, tú puedas ejercer el derecho a voto.
En España, en el siglo pasado, durante casi 40 años vivimos en un dictadura. Sin libertades, sin derecho a voto. Mis abuelos y tus abuelos, cuando eran jóvenes, no pudieron elegir qué figura política iba a gestionar su futuro, ni siquiera podían manifestarse en la calle para exigir un futuro mejor.
No estoy insinuando que, si no votas, estos tiempos oscuros puedan regresar, como sí hace la Oficina del Parlamento Europeo con su documental de campaña electoral, que tiene como objetivo despertar las emociones, en concreto el miedo al fascismo, del electorado más joven para que se movilice.
Simplemente, te recuerdo que hubo un periodo dictatorial en España, que ojalá no se vuelva a repetir. Que aproveches que en la actualidad tienes la libertad de, con un pequeño gesto, rendir homenaje a aquellas personas que miraron de frente a la dictadura y les dijeron que nunca vamos a parar hasta conseguir la libertad para nuestros hijos. Les miraron a los ojos y les dijeron con firmeza: ¡Nunca nos rendiremos!
Una parte de la sociedad siente que su voto es estéril, que percibe que el sistema no funciona y que la Unión Europea no produce ningún efecto concreto en su futuro; que la UE es ineficaz para reducir el precio de la vivienda o para garantizarte un empleo digno. Es perfectamente entendible y, aunque la Unión Europea legisle para frenar el cambio climático, para establecer prácticas remuneradas para los jóvenes y para defender la paz en Europa; el sistema necesita un impulso para atraer a la sociedad y en concreto a la Generación Z.
Sin embargo, aunque el sistema necesite un cambio, tenemos el privilegio de vivir en una democracia donde podemos depositar nuestro voto en la urna, un voto que además vale lo mismo para todos, independientemente de tu clase social, de tu sexo, de tu empleo y de tus ideas. En esta ocasión, tu voto vale lo mismo que el resto de ciudadanos de los 27 países de la UE. Quizá no te convence la institución, pero ejercer el sufragio activo te permite participar de alguna manera en la toma de decisiones del continente.
Los chinos, los rusos, los ciudadanos de algunos países de Oriente Medio, de Corea de Norte y de algunos países africanos o latinoamericanos no pueden escoger su futuro. No pueden decidir quién les va a gobernar los próximos años, la libertad que ya damos por garantizada aquí es una quimera para ellos. Ni siquiera pueden votar en blanco o nulo cuando están descontentos con el sistema. Son lugares aparentemente seguros a costa de coartar la libertad. Entonces, aprovecha que vivimos en una democracia, la europea, y agradece a todos aquellos que se dejaron la vida para alcanzar la libertad que tú hoy tienes.
Es paradójico que yo no voy a votar este 9 de junio. ¿Por qué? Este viaje que empecé el 20 de mayo para recorrer distintos países europeos en la campaña electoral y para analizar la implicación de los jóvenes en la política europea, ha provocado que no pueda ejercer mi derecho a voto.
Solicité el voto por correo con mucha antelación, pero me llegó a casa a finales de mayo, cuando yo ya había emprendido mi aventura. No había alternativa, votar por correo desde otro país extranjero que fuera a visitar era imposible por no estar registrado allí. Tampoco mis padres podían votar por mí. Es decir, en España solo se puede ejercer el derecho a voto por correo si estás en casa en las semanas previas a los comicios. Si estás en el extranjero de viaje y por tanto no estás empadronado en ningún país, como es mi caso, te quedas sin tu derecho. Quizá es algo que habría que cambiar, aunque sea una excepción muy específica. No obstante, estaré satisfecho si con este proyecto he conseguido que dos personas, que no lo iban a hacer hace un mes, se acerquen hoy a su colegio electoral y depositen su voto, aunque sea en blanco.