Bruselas: punto final a un viaje de aprendizajes

Voy de camino a Bruselas. Me subo a un tren más en Luxemburgo, escojo asiento y me cambio porque en este vagón parece que han puesto la calefacción. Me siento de nuevo y escucho palabras en español. Es un matrimonio chileno, muy agradable, que lleva recorriendo Europa durante un mes. Charlamos durante una hora larga, hablamos también de política, que me persigue. Comparamos la situación en España y en Chile. Sienten envidia de la educación pública de mi país y están muy quemados por la inmigración ilegal en su país, que según ellos provoca inseguridad y delincuencia puesto que los sicarios venezolanos y colombianos entran a Chile sin oposición.

Bruselas es el lugar donde he estado más tiempo. Con la jornada electoral de por medio, necesitaba dejar de correr, un poco de calma. Probablemente sea la ciudad menos bonita que he visto en estas tres semanas, a excepción de la impresionante Gran Place. Es oscura, e insegura por las noches, según los trabajadores del albergue y según cualquiera que se dé un paseo. Tampoco tiene monumentos o edificios que llamen la atención. Aunque hay excepciones como el llamativo Atomium, los dibujos de ‘Tintín’ en las fachadas o algunos parques que, cuando sale el sol -pocas veces- tienen su encanto. Eso sí, el chocolate y las patatas belgas aprueban con nota la crítica culinaria.

Capital europea de la multiculturalidad

La capital belga y capital política de Europa es la ciudad más multicultural que he visto en mi vida. París se da por descontado que lo es, pero en Bruselas he visto muy pocos belgas. Da igual en qué parte de la ciudad estuviera. En la ubicación de mi albergue, ningún belga. Era un buen alojamiento, a pesar de que la zona era inhóspita. Ha estado bien, en cualquier caso, convivir en un barrio con población íntegramente musulmana y desechar de este modo algunos estereotipos a través del poder de la empatía. Estaba en la cola del Lidl y una mujer joven con velo me dijo en francés algo así como ‘pasa tú‘, a lo que le respondí -gracias-. Ella, con una sonrisa, cambió el idioma y me dijo ‘you are welcome’. La raza y la procedencia de cada uno da exactamente igual, hay gente buena y mala en todos los sitios y etnias.

En la víspera del 9J, elecciones europeas, realicé el tour en el Parlamento Europeo. Fue poca cosa, te enseñan un par de salas y te explican las ideas básicas de su funcionamiento. Como estaba todo preparado para la noche electoral, estaba prohibido entrar al hemiciclo donde 720 diputados representarán a los ciudadanos de la Unión Europea en los próximos 5 años. En la visita conocí a dos gallegos. Una periodista y un abogado, muy majetes ambos.

Les hice una entrevista para ‘Generación Z y las Elecciones Europeas’, esta vez en español, y dimos un paseo por el resto de instituciones europeas: Comisión Europea, Consejo de la Unión Europea… Una de las mejores lecciones de este viaje es que cuando viajas solo se dan conversaciones inesperadas que te humanizan. Te olvidas del móvil por unos momentos, descubres las historias de personas que acabas de conocer, pones en común opiniones e impresiones con ellos, te ríes…

El día siguiente, vi a varios community manager grabando en la entrada del Parlamento Europeo vídeos para las redes sociales de las instituciones europeas. Cuando ves los vídeos en las redes sociales parece todo natural y fácil, pero luego los ves en persona y compruebas su frustración cuando tienen que repetir el vídeo por quinta vez. A los pies del Parlamento, en un jardín idóneo para días soleados, me acerqué a un par de jóvenes para preguntarles sobre las elecciones. Resulta que no eran tan jóvenes. Uno de ellos era profesor de Geografía en el instituto. La entrevista se encauzó perfectamente y me llegó a comentar que sus alumnos habían votado en las europeas porque en Bélgica votan a partir de los 16 años y, por cierto, el voto es obligatorio. La desafección juvenil hacia los asuntos europeos se soluciona fácil de este modo.

En el albergue, con la sensación nostálgica de que el viaje-reportaje estaba llegando a su fin, hablo con mi compañera de cuarto. Es californiana y está intentando clasificarse para los Juegos Olímpicos de París. Necesita una marca mínima para participar en los clasificatorios nacionales de final de mes. Es atleta profesional de salto de longitud. Me pareció bastante humilde y cercana para ser una gran deportista. Yo le comenté que mi sueño es cubrir unos Juegos Olímpicos y ella me recordó que en 2028 se celebran en Los Ángeles (California).

Por último, agradecer a mi amiga Eléonore haber sido mi guía por la ciudad y también su simpatía y empatía. Otra persona que conocí en Valencia con la que me reencuentro. El viaje se acaba, gran experiencia -aunque tuviera que oír más de una vez el típico para qué lo haces, sobre todo de mí mismo- que me ayudará a crecer en todos los sentidos.